La pandemia silenciosa

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Si el abuso sexual fuese una enfermedad sería una pandemia, tal como lo escribió mi compañera de REDIME, Lourdes Martín.
1 de cada 5 niñas y 1 de cada 7 niños lo padecen, Y así es, nos enfrentamos ante una terrible pandemia, un virus que ataca a toda la sociedad, a TODOS Y TODAS, ya sea por ser un perpetrador/a o por “permitirlo”.
Un virus que no entiende de clases sociales, afecta tanto al pobre como al rico, al de clase media, al analfabeto y al catedrático.
 
¿Por qué el abuso sexual a menores es una pandemia tan terrible?
Siento la necesidad de compartir con vosotros estas líneas de reflexión y de protesta, y con ello buscar y compartir las causas de por qué el abuso sexual infantil es algo tan invisible, permitido, incluso consentido e intentar comenzar a fabricar una vacuna:
 
1.- Tiene tanto poder porque esta afianzado en lugares de personas con poder, con prestigio, porque tiene de su lado a políticos, escritores, médicos, maestros, informáticos, psicólogos, abogados, entrenadores, etc.
Disculpen que hablen en masculino pero es que el 90% son cometidos por hombres.
Y apostaría a que gracias a internet son un grupo enorme, bien estructurado y conectado.
 
2.- Como ya he apuntado en otros artículos, no solo el 85% de los abusadores son del entorno del niño, niña según Save the children, sino que el 60% se comete dentro de la propia familia: padre, padrastro, abuelo, tío, hermano, otros).
Que sea algo intrafamiliar y que aún se conserve la creencia “los trapos sucios se lavan en casa”, igual que hace unos años ocurría con la violencia de género, hace este virus tan resistente.
 
3.- La pescadilla que se muerde la cola, ante estas cifras tan altas, es que somos muchos los adultos que hemos sido abusados y esto, además de secuelas personales, deja también secuelas familiares y sociales. Cuando el abuso es olvidado no se puede sanar ni a nivel personal, ni a nivel social, porque el querer huir de él, olvidarlo, minimizarlo… además de dañar la salud emocional y física de quien lo ha padecido, contribuye a perpetuar la cadena de abuso sexual en esas familias.
Un abusador que esta dentro de una familia NUNCA TIENE UNA SOLA VICTIMA, si no se corta la cadena y nos enfrentamos a nuestros propios abusos, el PERPETRADOR seguirá abusando generación, tras generación.
Mi experiencia es que en las familias no hay un sólo abusador, por eso mismo por esa perpetuidad son las propias familias donde se van creando abusados y abusadores.
Un padre que abusa de su hija/o, será un abuelo que abuse de su nieta/o, un tío que abuse de su sobrina, etc.  Por eso es tan importante ROMPER EL SILENCIO, ROMPER LA CADENA, Y DELATAR A LOS ABUSADORES. 
 
¿Cómo podemos romper la cadena y ayudar a fabricar una vacuna contra esta pandemia de abusadores?

1º VACUNA: si has sido abusada/o y tienes recuerdo, o tienes algo que te hace desconfiar de ese familiar, NO DEJES A TUS HIJOS/AS con él. Escucha a tu cuerpo porque es más sabio en estos casos que la mente. Toma una decisión valiente y PROTEGE A TU HIJA, HIJO DE SUS GARRAS TERRIBLES.
Si aún uno/a no esta preparado para gritarlo, al menos ROMPE CON ESE ABUSADOR, PROTEGE a las NIÑAS Y NIÑOS de ese familiar, alerta a los padres de esa familia que también tienen hijos, hijas, NUNCA LOS DEJES SOLA/O CON TU ABUSADOR/A.
 
2º VACUNA: TENEMOS QUE ESCUCHAR Y CONFIAR MÁS EN LOS NIÑOS Y NIÑAS, tenemos que dejar de creer que son pequeños, que se inventan las cosas y que fantasean, que mienten.
LO DIRË LAS VECES QUE SEA NECESARIO UN NIÑO, NIÑA NO MIENTE, NO SE INVENTA QUE HA SIDO ABUSADO SEXUALMENTE.
Si eres profesional y te ves en una situación así, ya sea porque seas psicólog@, maestr@, abogad@, medico… ESCUCHA AL NIÑO, NIÑA, CONFRONTA AL ADULTO.
 
Esta falta de confiar en los niños, de oírles que tienen muchos adultos me recuerda de alguna forma a una situación terrible que ocurría hace un par de siglos, se creía que los bebés no tenían aún formados los sistemas que transmitían las sensaciones de dolor y cuando se descubrió la anestesia por éter en 1.846 los cirujanos no la usaban cuando operaban a los bebés. Esa creencia errónea “los bebés son tan pequeños e inmaduros que aún ni sienten dolor”, ese poco conocimiento del cerebro en desarrollo que se tenía de los pobres bebés, se me antoja un símil a esta situación igual de terrible que estamos viviendo con el abuso sexual infantil. Provoca las mismas terribles consecuencias que cuando operaban sin anestesia a los bebés y estos morían del colapso o arrastraban graves secuelas de estrés postraumático toda su vida.
Para mí, este símil es comparable con el abuso sexual infantil: el dolor del abuso puede provocar un daño irreparable. Además,  la sociedad, ciega de responsabilidad, no hace nada. Se pone una venda en los ojos y minimiza, permite y quita importancia al daño a la infancia simplemente por el hecho de ser niños y niñas. 
 
Es necesario aclarar que el sexo y su contenido no entran en la mente de un niño, niña,  porque aún no están preparados para ese tipo de cosas ni corporal ni mentalmente. UN NIÑO, NIÑA NO SE INVENTA QUE HAN SIDO ABUSADO, no se inventa que su padre le ha olido la vagina, o que le roza con su pene, o que le chupa, o que le toca… NO SE LO INVENTA, porque un niño o niña que no es expuesto al sexo por un adulto no sabe lo que es, no tiene información para inventarlo.
 
Primero porque hasta los 4 años aproximadamente no aparece la teoría de la mente,  es decir, que no pueden ponerse en el lugar del otro, por eso se esconden siempre en el mismo lugar, no pueden ponerse en la mente del que les busca y repiten una y otra vez escondite. ¿Cómo pues van a inventar algo de contenido sexual? Y ¿Con qué fin se inventa un niño, niña, algo así? No lo inventa. Intenta contarlo para salir de ese horror.
Y segundo porque los niños y niñas cuentan cosas, dibujan, juegan a cosas de su día a día. Y hasta su mundo de fantasías los crean a partir de cosas que les ocurren.
Por eso hago un llamamiento social a padres y profesionales si un niño o niña te dice que alguien esta haciendo algo sexual con él o ella NO MIENTE. Nuestra obligación como adultos es protegerlos, escucharlos, y confrontar al abusador. OIR AL MENOR y PEDIR CUENTAS AL MAYOR es una buena vacuna para comenzar a vencer a esa otra pandemia.
Sandra Rosa Aragón

Sandra Rosa Aragón

Psicóloga sanitaria y Neuropsicóloga clínica.
Nº colegiada: AO08574 en el Centro Psicológico Manuel Hernández, Málaga.
Doctorada en Psicología de las Emociones, Máster en Inteligencia Emocional, Experta en Educación Familiar y Social, Experta en Mindfulness para Psicólogos clínicos. Máster en Neuropsicológica clínica Infanto-juvenil. Postgrado Modelo PARCUVE (cursando actualmente)
Especialista en Trauma Psicológico y Apego tanto en niños como en adultos. Prevención, Detección e Intervención en abuso sexual infantil. Trastornos del neurodesarrollo y trastornos internalizantes y externalizantes.

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