EL SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO Y LA VERGÜENZA

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He decidido iniciar el primer artículo de este blog hablando de la vergüenza. Y lo hago por varios motivos. Uno, porque es uno de los principales problemas que afectan a la mayoría de nuestros clientes. El otro es porque el objetivo de esta asociación es fruto de todo lo contrario que representa la vergüenza.

Está asociación surge como la necesidad de un grupo de compañeros de apoyarnos para seguir creciendo juntos, como personas y profesionales, y eso significa cohesión y confianza. Por otra parte, lo contrario de la vergüenza es el orgullo, pero no el narcisista o inflado, sino el de la sensación de un trabajo honesto y bien hecho, y  es cada vez mayor la sensación que tenemos todos los que pertenecemos a este grupo . Nos sentimos unidos y con la seguridad de que cada uno puede aportar algo desde su propia esencia. Lo contrario de la vergüenza es el orgullo sano y la sensación de ser valiosos para los otros.


La vergüenza, junto con la culpa, son las emociones interpersonales más importantes que existen en los seres humanos. Ambas tienen un origen filogenético, puesto que se comparte con conductas sociales de otros animales, pero en nosotros están muy desarrolladas para poder vivir en sociedad con reglas muy complejas. Cuando la vergüenza o la culpa son adecuadas resultan adaptativas, pero si se vuelven excesivas se convierten en emociones muy tóxicas e incapacitantes.

Para poder entender el origen de la vergüenza en los seres humanos debemos conocer primero algo de fisiología, y posteriormente, cómo ésta influye en la regulación emocional entre el bebé y sus cuidadores.

Fisiología de la vergüenza:

El sistema nervioso de los seres humanos comparte gran parte de su funcionamiento con el resto de los seres vivos que nos han precedido en la cadena evolutiva. A nivel del sistema nervioso autónomo (SNA), hay dos ramas nerviosas que regulan la activación emocional.

  • La rama simpática del SNA; Es una rama que produce estimulación e interés, consume mucha energía y se activa cuando algo nos interesa mucho, estamos impacientes o hay un peligro y nos pone en una situación de lucha/huida.
  • La rama parasimpática es una rama que sirve para conservar energía y se activa para compensar a la anterior, por ejemplo, para que descansemos o tengamos calma.

            Según  Stephen Porges, está rama está dividida a su vez en otras dos:

            – Rama ventrovagal: Es una rama compartida con los mamíferos, y se activa cuando sentimos conexión social. Por ejemplo, abrazamos a alguien que queremos o nuestro hijo se duerme cuando lo cogemos en brazos, o simplemente pasamos un buen rato con unos amigos.

  • – Rama dorsovagal: Es una rama compartida con los reptiles y se activa cuando estamos paralizados por el miedo o algo que nos produce mucha alerta. Produce bradicardia y parálisis.

Estas dos ramas inervan o regulan la musculatura de muchos músculos del rostro, muy importantes para mostrar cómo nos sentimos (o entender cómo se sienten los demás) y también las vísceras, las sensaciones provocadas por este nervio en los intestinos, pecho, etc., producen lo que llamamos ansiedad.

Pero volvamos a la vergüenza patológica. Y lo voy a hacer explicando cómo funciona la regulación entre el bebé y los cuidadores en los primeros años de vida.

Regulación emocional

El bebé durante el primer año de vida no puede moverse y por tanto es muy difícil que pueda ponerse en situaciones de peligro, así que pasará el 80% del tiempo jugando con sus cuidadores.

Aquí se pueden dar varias situaciones:

  1. Es en este primer año de vida cuando madura principalmente la rama ventrovagal del nervio parasimpático, Si se produce una comunicación óptima entre el bebé y sus cuidadores, se dará una maduración del SNA adecuada, y por tanto, el niño poco a poco, con la edad, aprenderá a autoregularse de modo adecuado.
  2. Si no hay cuidadores o no regulan al bebé de un modo adecuado, ignorándolo o sin interacciones emocionales, la rama ventrovagal no podrá madurar como debiera. La rama simpática puede quedar hiperactivada y el niño puede estar en un estado de estrés constante en forma de llanto, por ejemplo, o se puede hiperactivar la rama dorsovagal, y el bebé estará en un estado disociativo de aparente calma, pero con mucho malestar interno.
  3. Estas desviaciones fisiológicas de lo que es sano también pueden ocurrir si hay violencia en casa, en forma de peleas o gritos o si se agrede de cualquier modo al niño.

En estos dos últimos casos el SNA no podrá madurar de un modo optimo provocando mucha ansiedad constante, sin la capacidad de regularse solo, o con los demás, y con esas sensaciones tan desagradables harán que la persona tienda a mostrar conductas de sumisión para ser aceptado, o de control sobre los demás para no sentir el miedo a ser rechazado. Se producirá una vergüenza crónica que hará que se esconda de los demás o que los controle para no sentir el miedo al abandono.


En el segundo año de vida el niño empezará a caminar y a mostrar mucho interés por todo lo que le rodea. En esta etapa, el simpático va a madurar también. Al explorar, el niño puede ponerse en situaciones de posible peligro. Los cuidadores, que durante el primer año de vida han pasado la mayor parte del tiempo jugando con el bebé, ahora deben ponerle límites, regañarle y vigilarle, a menudo enfadándose con él.

Es decir, se producirá una activación del niño, que será corregida o frenada a menudo por los cuidadores, esto de un modo adecuado provocará en el niño una “vergüenza sana”. La vergüenza, sería la inhibición de conductas de interés o acercamiento frente a otros por miedo a ser rechazado o castigado. Insisto en que una vergüenza sana es adaptativa, pero la falta de ella o el exceso, conducen a la psicopatología.

El sistema nervioso del niño pasará de un estado de hiperactivación muy rápido a un estado de freno o colapso, y esto es lo que conocemos como “vergüenza”. La persona con el tiempo empezará a quedar con una sensación crónica de ansiedad o de “miedo interpersonal” que le hará limitar la exploración, tendrá miedo o poca confianza en las relaciones interpersonales y poca autoestima. La ansiedad predominará en sus proyectos y relaciones, limitando cualquier interés positivo.

Por tanto, la vergüenza tóxica puede surgir tanto en ambientes donde hay carencias emocionales o violencia, pero también en hogares donde no se deja al niño realizar una exploración adecuada de su ambiente y sus posibilidades. En ninguno de estos casos se puede dar una autoestima sana.

Tratamiento

Para poder aprender a tener una vergüenza adaptativa, se necesita crear en la edad adulta relaciones sanas que puedan hacer tolerar ese “miedo interpersonal” que es la vergüenza. El modelo Parcuve plantea dos áreas de intervención principalmente:

a) Trabajar con el SNA, o sea, con las sensaciones de malestar físico que llamamos ansiedad. Primero, entendiendo su origen, cuál es su función (aunque resulten muy desagradables) y pudiendo aprender a reconocerlas y tolerarlas

b) Reviviendo esas experiencias negativas que ocurrieron en el pasado y pudiendo cambiar el significado que se les dio en ese momento. Cuando estos momentos son anteriores a los 4 años, o sea son memorias proverbiales, se trabajarán a nivel somático como comenté en el punto anterior.

c) Ayudar a la persona a enfrentarse a las situaciones temidas en el presente de un modo adecuado, tolerando el malestar, y superando el miedo interpersonal.

Estas tres intervenciones harán que la persona pueda regularse mejor a nivel sensorial, emocional y cognitivo, pudiendo lograr tener unos niveles de vergüenza y ansiedad adaptativos a las necesidades de las situaciones vividas.

Bibliografía:

Hernández, M. (2109). Apego, disociación y trauma. Ed. Desclee de Brouwer

Porges, S. (2017). La Teoría polivagal: Fundamentos neurofisiológicos de las emociones, el apego, la comunicación y la autorregulación. Ed. Pleyades.

Schore, A. (1996). The experience-dependent maturation of a regulatory system in the orbital prefrontal cortex and the origin of developmental psychopathology. Development and Psychopathology. 8 59-87


Manuel Hernández

Manuel Hernández

Soy el presidente de AETPS y creador del modelo Parcuve.
Estoy licenciado en Psicología y Biología. Y soy autor de tres libros:
- Apego y psicopatología
- ¿Por qué la gente a la que quiero me hace daño?
- Apego, disociación y trauma

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