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Abuso Sexual Infantil y Trastorno de Estrés Postraumático

Vivir una experiencia traumática se define como la situación o situaciones en la que la persona siente que su vida o parte de su integridad física están amenazadas, acompañándose esto de sentimientos de temor, desesperanza u horror. Y no desaparecen aunque la situación traumática ya no este ocurriendo.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) provoca síntomas intrusivos, estado de ánimo negativo, disociación, evitación, alerta, recuerdos angustiantes, recurrentes, involuntarios e intrusivos del evento. También intensa angustia psicológica o fisiológica, incapacidad persistente de sentir emociones positivas. Provoca que la persona realice continuos esfuerzos para evitar recuerdos angustiantes, pensamientos o sentimientos asociados con el evento, trastorno del sueño, irritabilidad o crisis de enojo, hipervigilancia, respuesta de sobresalto exagerada…

Este complejo y devastador trastorno es uno de los más frecuentes entre las víctimas de abuso sexual infantil (ASI). Según las investigaciones, la prevalencia de sufrir TEPT en ASI oscila entre 20-70% de los casos. (Nurcombe, 2000; Paolucci, Genuis, & Violato, 2001).

Sabemos también que hay factores que influyen en la gravedad y en el desarrollo de este trastorno, como el vínculo afectivo con el perpetrador, la mayor duración del abuso y la menor edad del niño o niña, que contribuirán a agravar el TEPT.

Un estudio realizado por Runyon & Kenny (2002) con una muestra de 98 niños y niñas entre 8 y 17 años de edad, 31 con ASI y 67 con abuso físico, concluyeron que los síntomas del TEPT eran significativamente más altos en los niños y niñas con ASI (31,63%), en comparación con los que habían experimentado el abuso físico.

Además, estos niños y niñas que han sufrido o están sufriendo abuso sexual, tienen  mayor riesgo de desarrollar graves secuelas que afectan a su organismo a nivel, físico, psicológico y neuropsicológico, tanto a corto plazo como a largo plazo, pudiendo causar en sus cerebros en desarrollo, daños y alteraciones permanentes.

Las consecuencias del ASI a corto plazo se presentan al menos en el 80% de las víctimas, y a largo plazo, al menos en el 30% de las víctimas (Echeburúa & Corral, 2006).

Además de la posible aparición del TEPT como el más frecuente, el ASI también puede provocar problemas psicológicos y psiquiátricos que perduran en la mayoría de los casos hasta la adultez. Entre otros, se encuentran: baja autoestima, miedos, fobias, sentimiento de culpa, estigmatización, relación interpersonal disruptiva, ideación suicida, síntoma y trastorno de ansiedad, depresión, disociación, trastornos somáticos, trastorno afectivo bipolar, trastorno límite de la personalidad, trastorno de déficit de atención con hiperactividad (Briere & Elliott, 2003; Hornor, 2010; Pereda, 2010; Putnam, 2003).

¿A qué afecta el TEPT?

-Provoca alteraciones anatómicas y funcionales en la amígadla, hipocampo y córtex prefrontal y otras áreas del cerebro y tronco encéfalo

– Cambios en los neurotransmisores (principalmente norepinefrina, dopamina, serotonina, opioides endógenos, receptores benzodiacepínicos y sistema glutaminérgico), hiperactividad del eje hipotálamo-pituitario–adrenal, función tiroidea, incremento en la actividad y reactividad del sistema nervioso autonómico y diferencias en estructura y función cerebral.

– Daniels, Frewen, McKinnon y Lanius (2011) plantean un modelo sobre la influencia del maltrato infantil en la fisiopatología cerebral y las repercusiones de ésta en el desarrollo emocional.

Según estos autores, la disfuncionalidad en el eje Hipotálamo-Hipofisario-Adrenal1, (HPA en adelante) afectará al sistema atencional promoviendo un estado de hipervigilancia y respuesta incrementada ante estímulos neutros, además de problemas en la regulación emocional, la autoconciencia y la empatía (Seijas, 2012)

– El estrés prolongado interfiere en el aprendizaje (concretamente en el fenómeno de potenciación a largo plazo) y en la neurogénesis (Seijas, 2012)

– A nivel neuropsicológico, recientes investigaciones han aportado más luz en cómo el TEPT afecta a los procesos cognitivos: problemas de atención, concentración, memoria y funciones ejecutivas (Borges & Dell’Aglio, 2008b; Irigaray et al., 2013; Pereda & Gallardo-Pujol, 2011), además de provocar problemas de aprendizaje, menor rendimiento académico y bajo coeficiente intelectual (Jones, Trudinger, & Crawford, 2004; Milling, 2001)

Todo un elenco de problemas, sufrimiento y dolor que afecta a todas las áreas del niño/ niña, no solo en su presente sino también en su futuro como adulto. La afectación alcanza sus cerebros y también sus cuerpos y demás áreas de su vida, influyendo a su vez en la propia sociedad…

Seguimos desde aquí gritando la necesidad de frenar el abuso sexual infantil y mostrar al mundo el daño tan profundo que causa el ASI en quien lo sufre.

 

Sandra Rosa Aragón

Sandra Rosa Aragón

Psicóloga sanitaria y Neuropsicóloga clínica.
Nº colegiada: AO08574 en el Centro Psicológico Manuel Hernández, Málaga.
Doctorada en Psicología de las Emociones, Máster en Inteligencia Emocional, Experta en Educación Familiar y Social, Experta en Mindfulness para Psicólogos clínicos. Máster en Neuropsicológica clínica Infanto-juvenil. Postgrado Modelo PARCUVE (cursando actualmente)
Especialista en Trauma Psicológico y Apego tanto en niños como en adultos. Prevención, Detección e Intervención en abuso sexual infantil. Trastornos del neurodesarrollo y trastornos internalizantes y externalizantes.

Un comentario

  1. De niña a la edad de 4 años fuí violentada con tocamientos indebidos hasta la edad de 8 años, por un tío político, le conté a la edad de 8 años a mi madre, porque mi agresor antes me amenazaba, era niña, le tenía miedo, ya que me asfixiaba con la almohada, un día agarre valentía y le conté a mi madre y ella me dijo que ya sospechaba, me tildó de querer quitarle el esposo a su hermana, me trató de lo peor, siendo yo una pequeña, me dijo que si volvía a pasar era porque yo lo permitía, que debía correr y defendetme, mi madre nunca estuvo para mí, yo tuve que lidiar y vivir con ello, mi madre me hizo agachar la cabeza con mi agresor, yo era menor de edad y debía seguir finjiendo ante la familia de mi madre que nada había pasado, esto causó en mí un dolor hasta hoy a mis 47 años, a la edad de 15 años (luego de 7 años que ese mounstruo ya no me tocaba) me quemó los labios con un cigarro (tabaco) estaba yo al lado de mi madre lloré de dolor, ese día mi mamá lo gritó, pero al día siguiente fué como si nada hubiera pasado, cuando fuí madre mi niña de 1 año de edad estaba en los brazos de mi mamá (yo siempre he vivido pendiente de mis dos hijos, mujer y hombre) ella decidió darle a mi hija para que mi agresor la cargara, cuando ví esa escena, mis ojos se nublaron, sin importarme nada arrranque a mi hija de sus asquerosas manos yo estaba transformada y le dije tú nunca te acercarás a mi hija, ese día fue navidad, me fui con mi hija a la calle y lo pasé fuera de la casa sola con mi bebé, mi ex esposo había viajado a pasar navidad con su madre, desde ese momento evitaba estar con la familia de mi madre, hasta hoy que casí no los veo, siento mucho rencor, con el abusador y más con mi madre, ella nunca dejó de humillarme hasta hoy y yo siento que no me quiere, pero igual la veo de edad y siento pena, pero todo lo que padecí en este proceso fué duro, cada vez que llegaba una visita hombre a mi casa, limpiaba el inodoro con lejía, por mi hijita que tiene autismo, era como una obseción, he sido una madre muy sobreprotectora, con mis dos hijos, muy miedosa, hasta hoy me duele y lloro por todo lo que he tenido que lidiar siendo muy pequeña, ese hombre sigue vivo, ahora que he decido hablar y no callarme recibo acusaciones de mi hermana que vió todo lo que sufrí, al decirme que no hable que ese hombre ya está viejo, que se lo deje a Dios. Pero no puedo, yo me quiebro cada vez que veo un caso como el mío, pasan los años y mi herida sigue latente. Qué hago?

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